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Remolinos

HISTORIA DE AMÉRICA

¿Qué derecho tienen a...?

  • Octubre 8, 2017
  • Ana Luna San Eugenio

“Me importa muy poco que Estados Unidos sea el primer país en llevar un hombre a la Luna, si durante este tiempo nos arrastramos sobre nuestro pedazo de tierra rizando el rizo de nuestros prejuicios, violando nuestra magnífica Constitución, ignorando el problema esencial de la moral de nuestro tiempo y apareciendo como unos hipócritas delante del mundo entero”1.

No hace demasiado tiempo, en los Estados Unidos de América, las políticas de segregación racial eran una realidad que muchos gobiernos estatales promovían y mantenían. A finales de los años 50 comenzaron a llegar las primeras resoluciones judiciales de ámbito federal que consideraron que estas políticas, enmascaradas bajo el principio separate but equal —separados pero iguales, en castellano— eran completamente inconstitucionales. Al amparo del sistema judicial, comenzaron a producirse los primeros movimientos que perseguían la integración racial en el sistema educativo. Y con estos movimientos, llegó la violencia.

Los primeros brotes graves de violencia se produjeron en Little Rock (Arkansas) durante el año 1957. Los debates previos al estallido de los motines fueron intensos, y pese a la resolución firme de los tribunales, los sectores contrarios a la integración racial decidieron que bloquearían físicamente la entrada de los estudiantes negros al instituto. Estos sectores contaron con un apoyo firme y determinante: el de la Guardia Nacional de Arkansas, movilizada por orden del gobernador Orval Faubus. El apercibimiento de los poderes de la nación generaba una respuesta unánime entre los segregacionistas: ¿Qué derecho tenían las autoridades federales a usurpar la voluntad del Estado? Las amenazas se cumplieron y la Guardia Nacional bloqueó la entrada de los estudiantes. Las semanas anteriores, el presidente Eisenhower se había mostrado dubitativo con las resoluciones judiciales. «No puedes cambiar los sentimientos de la gente solamente con la ley»2, llegó a afirmar en una rueda de prensa. Pese a ello, cuando se produjo el bloqueo no tuvo dudas: ordenó el despliegue de los paracaidistas de la 101.a División Aerotransportada y utilizó la prerrogativa presidencial para hacerse con el control completo de la Guardia Nacional de Arkansas, con el fin de proteger y garantizar el derecho de los estudiantes negros.

Soldados de la 101.ª División Aerotransportada escoltan a los estudiantes negros en Little Rock, Arkansas.

La gran escalada de violencia se produjo ya bajo el mandato del presidente Kennedy. En la primavera de 1961 varias decenas de activistas por los derechos civiles salieron de Washington con destino a varias ciudades del sur de los Estados Unidos, con el objetivo de luchar contra la pasividad de los gobiernos estatales sureños en acatar las resoluciones judiciales que impedían la segregación racial en autobuses y estaciones. Eran los Freedom Riders. Los llamamientos contra aquella campaña no tardaron demasiado en surgir, y los sectores contrarios a la integración comenzaron a organizarse con el fin de emplear la violencia contra los activistas, de nuevo, con la connivencia de algunas autoridades. Los primeros ataques contra las comitivas se produjeron en las ciudades de Anniston y Birmingham (Alabama), en los que la policía se limitó a observar de forma pasiva. El nivel de violencia fue terrible: linchamientos, atropellos y autobuses incendiados.

La expedición continuó hacia la ciudad de Birmingham (Alabama) en la cual se produjeron, de nuevo, gravísimos ataques, al quedar los activistas sin la protección de la Highway Patrol cuando entraron en la zona urbana. Al día siguiente, los activistas negros se reunieron en una iglesia con el fin de dar su apoyo a los Freedom Riders. Los segregacionistas no tardaron en llegar al lugar para atacarles, sin que las autoridades estatales lo impidieran. Kennedy intervino con dureza poniéndose en contacto con el gobernador Patterson. En esta ocasión, la amenaza de llevar a cabo una acción similar a la de Eisenhower unos años antes fue suficiente para que el gobernador ordenara detener las acciones de las turbas.

Una turba da una paliza a uno de los miembros de los Freedom Riders en Birmingham (Alabama)

No ocurriría lo mismo en nuestro tercer episodio. Corría el otoño de 1962 y el activista James Meredith, al amparo de las sentencias judiciales, trató de matricularse en la Universidad de Mississippi. Ante aquella situación, el gobernador, Ross Barnet, manifestó su voluntad de impedirlo. A pesar de las intermediaciones del gobierno federal, el gobernador se mantuvo en su postura. Su consigna era clara: si el pueblo de Mississippi deseaba continuar con la segregación, ¿qué derecho tenían las autoridades federales de usurpar su voluntad?3 El llamamiento al bloqueo y a la violencia empujó a Robert Kennedy, en aquellos días Fiscal General de Estados Unidos, a enviar a unos cientos de marshals. El motín estalló en el campus con una gravedad extrema y en la primera noche fueron asesinadas dos personas, entre ellas un periodista francés. Ante aquel panorama, el presidente Kennedy decidió enviar al Ejército para aplastar la revuelta y garantizar el derecho del estudiante negro a asistir a la Universidad.

James Meredith acude a la Universidad escoltado por los marshals.

Nuestro cuarto y último episodio nos conduce de nuevo a Alabama durante el verano de 1963. La dinámica fue muy parecida a la anterior: dos estudiantes negros, Vivan Malone y James Hood, manifestaron su voluntad de inscribirse en la Universidad. El gobernador, George Wallace, anunció que bloquearía físicamente la entrada si era preciso. Aquella disposición no fue sorpresiva para nadie, puesto que el gobernador había ganado las elecciones presentándose abiertamente como un segregacionista. En su discurso de investidura afianzó aún más, si cabe, su discurso: “Segregación ahora, segregación mañana, segregación siempre”.

El día que los estudiantes acudieron a la Universidad, el gobernador llevó a cabo su amenaza y, rodeado de decenas de medios de comunicación, se interpuso en la puerta para bloquear el paso. Nicholas Katzenbach, que por aquel entonces ocupaba el puesto de Fiscal General adjunto, acudió con los marshals y pidió al gobernador que se retirara. No lo hizo: en su lugar, y aprovechando la cobertura de los medios de comunicación, lanzó un discurso en el que trataba de legitimar su postura como representante de los derechos y la soberanía del Estado y del pueblo de Alabama. Calificó la presencia federal como una intrusión por la fuerza, aludió al derecho de autogobierno y calificó las acciones del gobierno de la nación como una usurpación de poder4.

El gobernador de Alabama, George Wallace (i), bajo la puerta de entrada, impide el paso. El fiscal adjunto Katzenbach (d) le interpele para que abandone su actitud.

Ante aquella situación, el fiscal general adjunto llamó al presidente. En esta ocasión, Kennedy fue contundente: tomó el control de la Guardia Nacional de Alabama y ordenó a su general que permitiera el paso a los estudiantes negros. Fue entonces cuando, con todos los medios de comunicación del país a su alrededor, el general de la Guardia Nacional de Alabama se dirigió a su gobernador, y le comunicó que, tristemente, por orden del presidente de los Estados Unidos, debía hacerse a un lado.

Sirvan estas cuatro escenas para no olvidar el camino que un día recorrimos.

 

Notas:
1  Kaspi, A.: Kennedy. Barcelona: Folio, 2003, p. 202. Kaspi atribuye esta cita a “uno de los principales animadores de la comisión de los derechos civiles”.  |  2 Norton, M. [et al.]: A people and a nation. Boston: Houghton Migglin Co., 1986, p. 860.  |   3  Kaspi, A., op.cit, p. 203.  |  
4  “Governor George C. Wallace’s School House Door Speech”. Copia disponible en: Alabama Department of Archives and History.

Créditos de las imágenes:
(1) US Army. Dominio público. Fuente. (2) National Endowment for the Humanities. Dominio público. Fuente. (3) Marion S. Trikosko, U.S. News & World Report. Dominio público. Fuente. (4) National Register of Historic Places Gallery. Dominio público. Fuente.

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